Con el trofeo de Campeón de Europa, el Barça cierra la temporada estableciendo un récord inaudito: nunca antes un equipo español había ganado el ‘triplete’.
Atrás quedaron los tiempos en los que el talento primaba sobre la capacidad atlética y un grupo de buenos jugadores podía ganar varios partidos seguidos por pura inercia. Hoy, cualquier encuentro demanda una exigencia física tremenda y el apretado calendario actual deja poco tiempo para la recuperación.
A lo largo de la historia ha habido infinidad de escuadras que planteaban, de inicio, una apuesta valiente y una preocupación especial por la estética del juego. Este Barcelona no es el primer conjunto que presenta un estilo ofensivo, con ritmo y armonioso. Pero sí es pionero en mantenerlo, sin un sólo bajón físico, desde agosto hasta junio.
Durante los nueve meses de competición el Barça habrá disputado más de 60 partidos, unos 5.500 minutos aproximadamente. Es más, su temporada se inició antes que la de los demás, porque tuvo que clasificarse para la Liga de Campeones que acaba de conquistar.
Hasta la fecha, ningún equipo había sido capaz de resistir el esfuerzo titánico que requiere la consecución de cada torneo y, a la postre, no quedaba más remedio que olvidarse de la Liga para centrarse en la Champions o viceversa, o alinear a los suplentes en la Copa del Rey.
Guardiola, sin embargo, ha podido contar con un once titular prácticamente fijo (a excepción de uno o dos jugadores) para los tres campeonatos. Y no es que contara con una plantilla eminentemente física, más bien al contrario: Iniesta y Xavi no destacaban por su fortaleza o resistencia, Henry había llegado a su ocaso y Eto’o y Messi habían sufrido varias lesiones musculares fruto del esfuerzo.
Este Barcelona será relatado en crónicas como un conjunto intrépido, fino y atractivo y será recordado por la belleza de sus jugadas; en mi opinión, y en comparación con otras grandes plantillas de la historia, la diferencia no ha estado tanto en el talento, sino en cómo se ha combinado éste con una energía colosal. Tanta, que no se había visto nada parecido.





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