Terminada la primera jornada de liga, podemos hacer lo que más nos gusta: enjuiciar, criticar y dejar que el verbo mordaz fluya. El fútbol ha vuelto, a Dios gracias.
Un atasco en la Castellana
Me aventuraba planeando la destitución de Pellegrini y me quedaba corto en la fecha; hoy Navidades me parece a años luz de distancia y mucho me temo que el recorrido del chileno terminará bastante antes.
La expectación que este conjunto ha levantado choca con el desprestigio adquirido en las últimas temporadas, y a momentos equiparo sin querer a Ronaldo o Kaká con los Higuaín, Gago & co. No es tan alocado; el equipo de estos últimos ganó dos ligas y el actual aún tiene un largo camino por delante.
La cuestión es que, por ahora, es fácil olvidarse rápidamente del aura de estrella y seguir viendo la panda de mediocres vestidos con camisetas blancas a la que estábamos acostumbrados. El remedio es sencillo: victorias y juego aplastante. Pero no sé si el camino que ha tomado Pellegrini conduce a dicha meta.
Lo observado durante la pretemporada y el arranque liguero es que este Madrid no es adecuado para el cuadrado mágico que quiere recuperar su entrenador. El 4-2-2-2 que tan bien funcionó en Villareal no encaja cuando Kaká, Ronaldo y Benzema se encuentran, atosigados, en el medio.
Se produce entonces un embudo de proporciones gigantescas, igual de grandes que lo que han costado los tres. Especialmente nocivo es para el portugués: se atoran sus piernas esculturales y sólo se libera cuando el partido se rompe. Con todo, fue de los mejores y, sin duda, el más incisivo.
Dicen que el tiempo traerá la armonía, pero no le funcionó a Luxemburgo y los mimbres eran incluso más apropiados. Que Pellegrini se olvide pronto de cajas cuadriformes y sitúe a cada uno en su sitio, esto es: extremos, media punta y delantero. Raúl, ¡ay de mí!, no entra en este esquema.
La falta de gasolina en la Ciudad Condal
Hace unos meses, me repetía un buen amigo que el asombroso Barça, tarde o temprano, tendría un bajón. Pero no; ni pronto ni a deshora, el decaimiento físico nunca llegó y sus futbolistas se pasaron corriendo desde el minuto uno de la primera jornada, hasta el noventa de la final de la Champions.
Pero nada es para siempre, decían tus ojos tristes. La gasolina (léase doping) no dura eternamente - sobre todo cuando se abusa de ella. La inaudita exhibición física de los jugadores del Barcelona toca a su fin y Xavi volverá a ser un vacuo centrocampista de gran clase y Henry un delantero premioso y estancado.
Mientras, Ibrahimovic, único de la nueva estirpe, se empequeñece ante la empresa -y el dinero- para la que ha sido contratado: repetir la temporada de mayor éxito de la historia de cualquier club español. Díficil no, imposible, pensará el sueco. Y se muestra torpe, inseguro y arrollado por dos bajitos canteranos, Bojan y Pedro. No lo entiendan como un halago a estos dos, sino como un reproche al ex-interista.
Una jornada y ya termino una conclusión extremista y desmedida: quizá, después de tanto tambor, la mejor Liga de la historia no sea para tanto. Cómo echaba de menos el fútbol.





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