Me rindo. Me rindo incluso en la derrota. Le había negado varias veces -más de tres- a principios de esta temporada. Había asegurado que jugaba a otra velocidad, que los chicos jóvenes pasaban a su lado como reactores. Había admitido su decadencia final y apostado por relegarlo al banquillo. Me rindo; como tantos otros, me equivoqué.
Con el segundo del Milán, el balón volvió a salir por la línea de fondo junto a Dida. Uno dudaba, el otro se daba la vuelta. Raúl miró a todos lados enfurecido, no lo recordaba así. Un segundo, quizá menos. El partido, difícil, tanto como para encima perder el tiempo en decidir quién bota el saque de esquina.
Y allí corrió, como un becario haciendo méritos, quince temporadas después de su debut. Se apresuró a sacarlo, cuando diría que nunca lo ha hecho. Y encontró, como siempre, recompensa a su empeño, a su ahínco, a su ímpetu. Un balón a Drenthe, la defensa descolocada. Y gol.
Cada año es más complicado dibujarlo en el once titular en verano. Ronaldo, Van Nisterlooy, Benzema… Pero una y otra vez ocurre lo mismo. E, irónicamente, cada año es más complicado dudar de él. Yo prometo no volver a hacerlo. Jamás.





Comentarios
Comments en “Simplemente, Raúl”