Sandro Rossell, otrora vicepresidente del Barcelona y artífice de muchos de los fichajes de la era Rijkaard, solía explicar con su habitual tino que los equipos deben renovarse paulatinamente a lo largo de las épocas de bonanza deportiva. Y, desde luego, el fallo de la historia más reciente de nuestro fútbol al respecto no ha podido resultar más concluyente.
Recuerden, sino, al Real Madrid de la Quinta del Buitre que, tras la diáspora de algunos de sus elementos clave, encajó cuatro temporadas huérfanas de rumbo. O al Dream Team de Cruyff. Y, más próximos en el tiempo, a los galácticos acaudillados por Florentino o al conjunto de Ronaldinho y Deco.
La entidad azulgrana goza hoy de un grado de estabilidad inimaginable hace un año. Además, cuenta con una plantilla de enorme potencial, con todo para prorrogar en el tiempo su aplastante dominio. Sin embargo, mal harían los dirigentes culés si se dejaran llevar y fiasen el futuro a la inercia ganadora del club. Y es que, sin duda, la gestión que lleven a cabo en los próximos meses constituirá una piedra de toque excelente para medir su capacidad de aprendizaje.
En este sentido, el verano nos brindará también la oportunidad de analizar cómo materializa su transición otro de los equipos del momento, si bien en este caso en el terreno de la canasta. Me refiero a la selección española de baloncesto, que afrontará el Eurobasket 2009 sin varias de sus rutilantes estrellas y con la vitola de gran favorita.
Calderón, ya con enorme caché en la NBA, y Jiménez han asegurado que no acudirán a la cita. Al igual que Navarro, que se verá obligado a pasar por el quirófano. Gasol, por su parte, esperará hasta el último instante para confirmar su asistencia. Y, por si fuera poco, varios de los que sí comparecerán en Polonia comienzan a evidenciar que el ocaso de sus carreras no anda lejos. Todo un reto para Scariolo y la Federación.






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