Pasan menos de 24 horas desde la dura caída de Nadal en París. Quizá alguien lo esperase porque habíamos recibido indicios del cansancio del manacorí; su tío, él mismo e incluso otros tenistas como Dementieva habían advertido que su nivel físico no era el mismo que el de otros años. También presenciamos señales evidentes y preocupantes en la final de Madrid.
Así que quizá alguien lo esperase, sí, pero no tan pronto ni contra este rival. Robin Söderling es actualmente el número 25º del mundo, cuenta casi con 25 años y hasta este Roland Garros su mejor resultado era alcanzar la tercera ronda en Londres y Nueva York. Sólo ha ganado tres títulos menores (ATP Tour).
El sueco es un cualquiera dentro del ranking de la ATP. No es una estrella creciente ni mantiene una progresión que nos haga esperar una eclosión tardía. Pero lo más sorprendente de todo: hace tan sólo un mes, caía derrotado ante el propio Nadal por un demoledor 6-0 y 6-1 en la tierra de Roma.
¿Cómo es posible que la diferencia abismal que hay entre estos dos tenistas desaparezca en el plazo de treinta días? En un deporte de élite tan estricto en los entrenamientos es imposible que, de la nada, el sueco haya superado el nivel de Nadal o el español haya bajado tanto como para perder contra el 25º del circuito.
Rafa no es un tenista de vaivenes emocionales. Me cuesta pensar que la derrota se ha debido a una falta de concentración o agresividad. Rafa siempre es agresivo y competitivo como ningún otro. Siempre que tenga esa fuerza y energía tan características, claro.
Se quejaba el tenista español porque recientemente se han endurecido los controles antidopaje. Hace un par de días su tío declaró que los jugadores, en su opinión tratados como delincuentes, deberían boicotear al COI. Esa misma mañana habían recibido la visita de los ‘vampiros’.
Entiendo la molestia que suponen estos controles al azar y la obligatoriedad de estar localizable al menos una hora al día durante todo el año. Pero a Nadal no le hace ningún bien esta cruzada en contra de la Federación Antidopaje. Sus protestas alimentan a los que sospechan de él.
Más le valdría ser un firme defensor de esta nueva política y de todos los esfuerzos que especialmente Francia realiza para acabar con la verdadera lacra del deporte. Porque mientras no lo sea, los vecinos seguirán riéndose y disfrutando cada vez que el manacorí, como ayer, reciba de su propia medicina. O, como ellos prefieren llamarlo, su propia potion magique.





Comentarios
Comments en “Nadal y su cruzada contra los controles antidopaje”