Con motivo de la llegada de la Semana Santa me hice un pequeño propósito, desconectar del mundo del deporte por unos días. Fue muy difícil, pero se puede decir que lo conseguí. He estado cuatro días completamente aislado del mundo del fútbol y del deporte en general. Nada de prensa, radio, ni televisión, sólo los rumores que te llegan de la gente de la calle.
Quería hacer un pequeño experimento, ya que tenía la extraña sensación de que la semana pasada, pese a disputarse champions y liga, iba a ser del todo irrelevante, y así fue. En Europa está todo por decidir, a excepción de la eliminatoria del Barcelona, y en la Liga BBVA más de lo mismo.
Esta mañana me he apresurado a leer prensa para informarme de la jornada liguera, y bucear por internet sobre los resultados de Champions de la semana pasada (he de decir que pese a que traté de hacer un esfuerzo por no enterarme, me llegaron rumores de la goleada del Barça al Bayern), y todo sigue igual. El Madrid continua con su juego ramplón a seis puntos de un Barsa intocable que maravilla a toda Europa, y por la zona baja siguen las puñaladas por salvarse de los puestos de descenso.
Quizás, lo más significativo que ha ocurrido este fin de semana es que Ferrero ha vuelto a ganar un torneo de tenis. Sí, han leído bien, Juan Carlos Ferrero, no Federer o Ferrer, ganó ayer el torneo de Casablanca y volvió a la senda del triunfo tras una sequía que duraba años.
En definitiva, la vida sigue igual. Eso sí, he aprendido algo nuevo, se puede vivir sin el fútbol unos cuantos días, pero se pasa muy mal, así que no volveré a hacerlo.

Ya no me retiro ni de coña





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