Obvia mencionar que nadie en su sano juicio puede, a día de hoy, cuestionar la superioridad del F.C. Barcelona en el orbe futbolístico. Y es que el conjunto catalán constituye un engranaje de precisión helvética que ofrece un rendimiento tan inusitado como extraordinario. Xavi, Messi, Iniesta, Etoo… ‘napoleones’ en busca de la gloria imperial por mor del fútbol jamás practicado, de la plasticidad nunca antes cincelada.
No obstante, y pese a su fecundidad, las últimas semanas han revelado la existencia de una forma de juego capaz de contrarrestar los efectos de la apisonadora azulgrana. Presión a partir de medio campo, líneas muy próximas, neutralización de la zona de creación ‘culé’ a través del achique de espacios, defensa en acordeón y contraataques céleres y punzantes. Así plantearon sus respectivos encuentros el Valencia y el Chelsea, los únicos equipos que ostentan el honor de haber plantado cara a la escuadra de Guardiola.
Ahora, ante la final de Champions que se avecina, me pregunto cómo afrontará el partido Ferguson. No olvidemos que ni la plantilla ‘ché’ ni los blues se vieron obligados a traicionar un estilo definido. Sin embargo, el Manchester United se caracteriza, desde hace no poco tiempo, por poner en práctica una estrategia similar a la del Barcelona, en tanto que ambos conjuntos apuestan por una posesión de balón prolija y un control absoluto del tempo de juego.
¿Qué decisión tomará el ‘ogro’ escocés? ¿Afrontará la cita a tumba abierta u optará por el pragmatismo de Valencia y Chelsea? Habida cuenta del carácter, la arrogancia y los redaños del entrenados de los reds, creo que no renunciará a una pugna de tú a tú. Quién sabe si los blaugranas padecerán en Roma su particular Waterloo.





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