Que me perdonen aquéllos que creen que el fútbol es ese deporte en el que gana el que más goles mete, pero el partido del Sánchez Pizjuán del pasado domingo entre el Sevilla y el Real Madrid dejó bien claro que no siempre gana el que más se lo merece. ¡No, por Dios! No me entiendan mal, no digo que el Madrí mereciese ganar, en ningún momento. Pero sí que Iker Casillas no mereció perder.
Repitiendo la cantinela de todos los días “al fútbol se juega en equipo”, “son once contra once”, “lo que importa es la colectividad”… Hasta ahí todos de acuerdo, pero quien vea los dos/tres paradones (inmesos, descomunales, increíbles, apoteósicos, sublimes, soberbios…) de Iker en el Pizjuán, estará conmigo en que, además de refrendar por qué es y debe ser el portero de la selección, merece el mismo reconocimiento profesional con el que se enaltece a Kaká o a Cristiano Ronaldo cada vez que ponen en pie a la afición.
Por degracia, la labor de un portero apenas luce si los que tienen que meterla entre los tres palos están en babia o si el defensa de turno (léase Marcelo) deja que el delantero le gane la posición y marque a placer en una acción más propia de un partido de 5ªA contra 5ªB que de un clásico de la que presume ser la mejor liga del mundo. Y es que, aunque muchos se escuden en argumentos como que aún falta tiempo de cocción, el Real Madrid no puede permitirse licencias como la de tirar dos veces a puerta en todo el partido, o estar a merced de un rival que, sabiéndole jugar, consigue sacarle los colores… Pero eso, es otra historia… La conclusión es que Iker no mereció perder.
Ah… Y una apreciación más. Aunque aún es pronto y esto no ha hecho más que empezar, sobre el viejo Santiago Bernabeu comienza a proyectarse una duda en forma de sombra alargada, la sombra de un equipo con camiseta azul y grana que ya el año pasado hizo una importante brecha a la parroquia blanca en forma de 2-6 y que este año comienza la liga contando sus partidos por victorias. Aún es pronto, pero, como dice el refrán, ”quien comienza sembrando truenos, acaba recogiendo tempestades”… Quien quiera entender, que entienda.
La parada antológica:





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