Una victoria heroica ayudó ayer noche a Pellegrini a mantener su asiento como entrenador del Real Madrid. Los datos dicen más que los hechos, porque si hubo un equipo que pareció en inferioridad fue un Getafe sumiso y confiado. Míchel no es precisamente un gran motivador y sus cualidades como técnico aún están en duda.
El Madrid se presentó de inicio con el 4-2-3-1 que pedía Relaño, con Marcelo, Kaká e Higuaín teóricamente en la segunda línea y Benzema de estilete. No obstante Pellegrini siguió incidiendo en su idea del embudo y el argentino actuaba de punta. Hasta la expulsión.
Es entonces cuando el equipo realizó un meritorio segundo tiempo. Aún con un jugador menos nunca pareció que el partido peligrara; más bien siempre estuvo cerca un nuevo gol madridista. ¿Cómo lo consiguió? Al contragolpe.
El ingeniero chileno se ha apresurado esta semana a recordar que intenta desterrar el contragolpe del Bernabéu, suerte adquirida en las últimas ligas de Capello y Schuster. Un recurso que en la parroquia blanca no suele gustar, porque implica ceder el balón y el protagonismo al contrario. Ayer, sin duda, no le quedó más remedio que adoptar el estilo del que reniega… con excelences resultados. ¿Casualidad?
Pese a su terquedad, si Pellegrini decide continuar con el vértice de flecha, el que intuíamos como dibujo natural del equipo en pretemporada, no le va a quedar más remedio que sentar a Raúl. En el esquema hay cuatro posiciones claras: dos bandas, un media punta y un punta. Dando por hecho que Kaká y Cristiano ocupen dos de esos puestos, Benzema y Raúl van a tener que luchar por la delantera. Carecen de la versatilidad necesaria para jugar en banda. De forma que Higuaín se instalaría en la última plaza: es rápido, joven y con desborde. Sin ser extremo, puede actuar de interior.
Si quiere jugar con Raúl, que quizá ofrezca menos dudas que el francés, entonces le será más fácil adoptar la táctica que usó Del Bosque en 2002.
La cuestión es que la punta de flecha formada por Ronaldo, Kaká, Higuaín y Benzema ofrece pocas alternativas estilísticas. Veamos: son cuatro jugadores velocísimos, fuertes, potentes y muy verticales y directos. Estos ingredientes sólo son verdaderamente apropiados para el contragolpe. Es natural.
Además, sus mejores actuaciones individuales en sus anteriores temporadas han sido en jugadas a la contra. Algunas memorables: el gol de Ronaldo contra el Arsenal recorriéndose medio campo, el primer tiempo de Kaká en la primera final contra el Liverpool, los mejores goles de Benzema en Francia o los muchos partidos ajetreados en los que Higuaín tanto disfruta.
Es posible que el Bernabéu no acepte de buen grado un contraataque que atenta en cierto modo contra los valores futbolísticos del club. Sin embargo comparte otros como la raza o la inmediatez en oposición a un toque más cansino, ambos del gusto del socio.
Es admisible que Manuel Pellegrini no ceje en su empeño de alcanzar una excelencia que fascine al mundo, tal y como Florentino quiere. En mi opinión, si abraza la punta de flecha para conseguirlo, no le va a quedar más alternativa que soltar lastre, echarse atrás y dejar que sus estrellas definan en carrera.





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