Únicamente alguien con un carisma fuera de lo común puede abandonar el mejor club del siglo XX por la puerta de atrás y regresar a éste como lo hizo Fernando VII, deseado y en olor de multitud. Sólo los elegidos consiguen eclipsar con su sola presencia los ecos de la hazaña más ilustre de un equipo español.
Sin duda, Florentino Pérez parece vivir tocado por el destino, al abrigo de un ser superior… hasta tal punto que existen quienes lo confunden con Él.
Sostenía el inefable Mendoza que encabezar la nave merengue encerraba mayor repercusión que gobernar un ministerio. Y a luz de la multitudinaria presentación del nuevo máximo mandatario del Real Madrid, don Ramón tenía más razón que un santo. Sin embargo, no todos los dirigentes blancos han concentrado tanta atención mediática como acapara Florentino.
Desde que tomara posesión del cargo, el pasado lunes, Pérez ha protagonizado un monográfico de 59 segundos, espacio televisivo eminentemente político de TVE1, ha sido entrevistado en Antena 3 y Telecinco y ha acudido al programa Punto Pelota de Intereconomía. Una agenda asfixiante, solventada felizmente, a la que hay que sumar los actos propios de la constructora que preside, ACS, la segunda de todo el mundo, según un ranking elaborado por la revista Forbes a partir del beneficio, las ventas, los activos y la capitalización bursátil.
¿Qué es lo que convierte al hombre de moda en alguien capaz de asumir tanta responsabilidad y triunfar en la mayor parte de los retos que afronta? Ésa es la cuestión, tan abordada como insondable.
En opinión del arriba firmante, la clave de su éxito posiblemente radique en su capacidad de trabajo, en una evidente voluntad de anticiparse a los acontecimientos, en su habilidad para hacer números, que le confiere un elevado crédito como gestor, e indudablemente en la gran cuota de poder de la que dispone. Y ya sabe, el poder engendra… más poder. Porque fueron muchas las compañías cotizadas que atisbaron la crisis, aunque muy pocas, entre ellas ACS, las que articularon los medios necesarios para paliar sus efectos; porque todo directivo de club es capaz de firmar jugadores, si bien ninguno, salvo él, de reunir en un solo equipo a los mejores a golpe de fichaje.
Piénsenlo fríamente. En tan sólo siete días, ha cerrado la compra de Kaká, ha acercado posturas con los agentes de Silva y ha tocado a Ribery. Ahí es nada. ¿Cómo lo hace? Quizá merced a su carisma y a su prestigio ante la banca. Y es que resulta imprescindible despertar una enorme confianza entre las entidades de préstamo para obtener la liquidez necesaria de cara a los astronómicos traspasos que espera acometer. Evidentemente, con el nuevo y flamante presidente, mejora la calificación de la deuda del Madrid.
No obstante, y pese a todo, los hay que aseguran que Florentino Pérez es el mismo que incurrió en los archiconocidos errores galácticos. Disiento. No niego que continúa exhibiendo ese punto vanidoso de los que se saben muy notables, pero estoy convencido de que la experiencia, que es un grado, no ha caído en saco roto.





Comentarios
Comments en “El irresistible atractivo de un gestor… superior”