Llámenme ventajista si quieren, pero no voy a escribir este artículo el día que Ibrahimovic marque un hat-trick (cosa que, por cierto, dudo que veamos pronto).
El Barça empata con el Rubin y queda el poso del buen juego y las ocasiones. También en la ida, también contra el Inter, también en Pamplona. Pero las estadísticas son amargas y un dato repetido no expresa casualidad sino tendencia. Que los de Guardiola hayan marcado tres goles en cuatro jornadas de Champions no se debe al azar.
Ayer decían en la tertulia de El Larguero que este Barça juega a dos velocidades menos que el año pasado. No seguiré a vueltas con el tema del dopaje, pero verde y con asas.
De todas formas no es la única causa. El Barcelona echa de menos a Eto’o y viceversa. Ya expresé mi sorpresa con la venta del camerunés y afirmé que se trataba de un tremendo error. Nadie duda de la calidad de Zlatan, pero sí de la conveniencia del fichaje. Entre otras cosas porque ambos jugadores son distintos.
La tarde que me enteré de la noticia, discutíamos un amigo y yo con un espontáneo que conocimos haciendo deporte. Él decía que el sueco le parecía un extraordinario jugador y no lo negábamos. Pero nosotros no éramos capaces de imaginar otro futbolista que completara el juego de Guardiola mejor que Eto’o.
Un tipo que es el primer defensor, fuerte, potente, efectivo en el remate y acoplado perfectamente al club y a sus compañeros no debe ser sustituido. Jamás. Si desde la entiedad querían dar un aire fresco al vestuario deberían haber mirado hacia la izquierda.
Porque, de entre las posiciones que el Barça podía mejorar, la más evidente era la de interior izquierdo. Era obvio que el sorprendente rendimiento de Henry-Maradona era cosa de un año. Más que nada porque un jugador de más de 30 años que llevaba dos arrastrándose físicamente por el campo no realiza la temporada de su vida de repente. Pero no, no volveré a hablar de dopaje y de los ciclos según la edad del deportista.
Así que en vez de ir a por todas a por Ribéry, con el que hubiera mantenido el estatus de conjunto imatible, se lanzaron hacia Ibrahimovic, un falso delantero muy talentoso y perezoso por momentos. Se decantaron por la estética que cerraba el círculo virtuoso. Pues, entérate Guardiola, el círculo necesita una salida, no un nexo de unión.
Mientras, Eto’o en el Inter se aburre, corre de un lado a otro buscando balones que caza entre nubes de piernas, cuando la ocasión es tan escasa que aumenta el miedo a fallar. Le veo desnortado, añorando el futbolista que era en la Ciudad Condal, donde ganó dos Copas de Europa, recuerden.
Nunca sabremos qué habría pasado con el león de Camerún aun de blaugrana. Lo que sí conocemos es lo que pasó. Y, viendo los éxitos inauditos conseguidos y su papel clave en ellos, cada vez resulta más difícil entender el trueque. Ah, y los 45 millones.





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