Xavi ha realizado unas declaraciones un tanto desconcertantes en la presentación de su autobiografía autorizada. Seguramente sea una frase fuera de contexto, pero aún así sorprende cuando procede de un tipo tan prudente como él.
El mediocentro cree que el Barça está realizando, por el momento, “la mejor temporada de su historia”. Y parece que es el sentir del vestuario porque Yaya Touré ya dijo que el suyo era “el mejor equipo de Europa” tras la goleada al Bayern. Ambas afirmaciones dejan translucir un posible exceso de euforia que se debería evitar de cara al último tramo de las competiciones.
El año que está completando el Barcelona es estratosférico. El nivel técnico y físico que exhiben en cada encuentro todos y cada uno de sus jugadores, inaudito. Ahora bien, los títulos no se han decidido y sólo la consecución de la victoria final situará a esta plantilla en un lugar privilegiado en la historia del fútbol. De lo contrario, lo que han conseguido hasta la fecha será meramente anecdótico.
Hay varias reglas no escritas en el deporte. Frecuentemente, los equipos que se han creído campeones antes de alzarse con el trofeo se han dado de bruces contra la realidad: le pasó a Brasil en el 50 y en el 82, a Holanda en el 74, al Madrid de la Quinta en Eindhoven en el 87 o al propio Barça en 2007, por nombrar el caso más reciente. Los ejemplos son numerosos.
La causa no es una extraña maldición, sino una respuesta física bien sencilla: la relajación. En cualquier deporte de élite y sobre todo en finales, donde se supone que sólo llegan los mejores (ya sea en una competición regular o en eliminatorias), una falta de concentración es determinante.
Lograr una victoria partido tras partido es agotador, por eso algunos jugadores con gran talento no alcanzan un éxito rotundo. Y cuando el cuerpo y la mente dogmatizan que el trabajo ya está hecho, se produce una distensión evidente que es muy difícil de recuperar incluso a medio plazo.
Es probable que Guardiola sienta un escalofrío al leer la prensa deportiva y encontrarse con la confesión de Xavi. Lleva intentando suavizar el entusiasmo desmedido desde septiembre. Por fin la meta está muy cerca y a los segundos no los recuerda nadie.





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