Aquí no pasa nada. El Madrid recibe dos goles en dos minutos contra el poderoso Zurich, pero aquí no pasa nada. Ronaldo ha marcado por partida doble y, hechos objetivos, al final les han caído cinco.
No hay más ciego que el que no quiere ver. El Marca -especialmente el Marca- mañana dirá que el espectáculo fue apabullante, que se durmieron un ratín y que, aún con eso, golearon a los suizos. Pero la realidad también es que, un equipo que se ha gastado 250 millones de euros, que aspira a conquistar el título, estuvo contra las cuerdas tras ir ganando 0-3. Contra el adversario más débil del grupo.
No recuerdo ningún conjunto que haya alcanzado la final de la Copa de Europa con una defensa tan débil. En eliminatorias, el caos ofensivo es admisible si la portería queda a cero. Pero los rivales de este Madrid no necesitan demasiado para marcar. El juego aéreo en área propia sigue siendo pachanguero. Cristiano Ronaldo fue el culpable del gol, pero poco antes Albiol se había quedado parado mientras un suizo remataba a metro y medio del poste largo. No hace falta mencionar a Drenthe.
Esta noche, en campo contrario se encontraba el Zurich. En octavos y cuartos de final el portero contrincante no será propicio al espectáculo, ni la delantera lenta y torpe. En esta competición juegan los mejores y, seamos serios, un partido como el de hoy contra Chelsea, Manchester o Barça hubiera significado el fin de la participación europea.
Mientras llegan los números y las estadísticas (hasta ahora la muestra es insignificante), el análisis es cuestión de sensaciones. Intentamos intuir cómo se desenvolverá este año el nuevo Madrid, el viejo Barça… o el Atleti de siempre. Y, por ahora, la sensación con los blancos es agridulce. Los objetivos son muy altos porque la inversión y el riesgo acompañan. No hay margen de error, ni temporada de adaptación. La fluidez en ataque no aparece y la defensa es endeble, aunque es de recibo reconocer que sus golpes son duros y certeros.
Hasta que el cómputo no demuestre que la eficacia es real, sólo queda la sospecha. Partido a partido, sigo recelando del recorrido galáctico que, desde antes incluso de comenzar, se le ha presupuesto a este equipo. Quedo a la espera de la sinfonía que despeje dudas. Por el momento, nada más que escucho cañonazos.





Comentarios
Comments en “Cañonazos disonantes”