Más allá de su inesperado tropiezo ante Estados Unidos, la selección se enfrenta ahora al reto de definir el sistema con el que espera asaltar el Mundial. En la Confederaciones, la baja de Iniesta y el precario estado físico de Silva han limitado el potencial de un equipo que cuenta con variantes tácticas de garantías. Con ellos, las posibilidades se multiplican. Veamos los tres esquemas tipo:
4-4-2 con interiores a pierna cambiada. De este modo, se fomentan las combinaciones en corto a base de paredes y los laterales asumen la responsabilidad de ensanchar el campo y ocupar las bandas. Los puntas, por su parte, no quedan reducidos a meros caza-goles y sus continuos demarques resultan fundamentales para evitar una concentración excesiva de hombres en la zona de creación.
4-4-2 con extremos. En este caso, la fluidez del toque-toque no es tanta, aunque la velocidad y la capacidad de desborde de las alas proporcionan nuevas vías ofensivas. Los delanteros ejercen una doble función. De un lado, colaborar en la maduración de la jugada, descolgándose para conseguir superioridad numérica en los tres cuartos de campo; y, del otro, permanecer atentos al remate cuando la acción finaliza con centro desde el costado.
4-2-3-1 con interiores que cortan hacia el área. Una disposición que permite ocupar los flancos de forma eficiente, si bien exige rotaciones y permutas constantes. La calidad de los “bajitos” posibilita avanzar por todo el frente de ataque, en tanto que los laterales se descuelgan por sorpresa. El jugador más adelantado debe abrir huecos con diagonales pronunciadas y veloces, así como facilitar las incorporaciones de segunda línea.
En opinión del arriba firmante, esta última opción responde mejor que las otras dos a las características del estilo impuesto por Aragonés y asumido por del Bosque. Sin embargo, traería consigo la suplencia de uno de los estiletes titulares, Villa o Torres, algo que, a día de hoy, no resulta nada presumible.





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