
Para la mayoría de los argentinos Diego Armando Maradona equivale a Dios. Sin duda es el personaje más ilustre de su país por lo que hizo en su etapa como jugador. Su calidad con la pelota en los pies queda fuera de toda duda, y lo que consiguió en su carrera profesional hará que se le recuerde como uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia, si no el mejor.
La cuestión es que su vida una vez colgó las botas, me aventuro a decir quizá unos años antes, no fue un ejemplo para los niños. Coqueteos con las drogas, escándalos sexuales, y otra serie de desafortunados episodios llegaron a poner en peligro en varias ocasiones la vida del astro argentino. El Pelusa consiguió salir de esta espiral descendente y levantar cabeza. Así las cosas se hizo técnico de fútbol, y a los pocos meses como entrenador empezó a sonar para seleccionador argentino.
Su poca experiencia hacía que su nombramiento en el cargo fuese una locura, pero Maradona es Maradona y acabó como seleccionador de la albiceleste. Así comenzaron los debates sobre la validez del pelusa como mister de una escuadra tan importante como la Selección Argentina, y sólo los resultados dictarían sentencia.
Y la verdad es que Diego, siendo generosos, se puede decir que no ha tenido mucha suerte a los mandos de Argentina. Tiene entre sus filas al que dicen es el mejor jugador del mundo, Leo Messi, además de Agüero, Tévez, Heize, Gago, Maxi o Mascherano entre otros. Aún así está a un paso de poder perderse el mundial con derrotas tan contundentes como un 6-1 ante Bolivia, y la más reciente 1- 3 ante Brasil en Rosario.
Tras estos pésimos resultados cualquier otro entrenador estaría de patitas en la calle, la cuestión es ¿se puede despedir a Dios? Yo creo que no, y la única solución que tiene Argentina para salir adelante es que Maradona dimita de su cargo si quieren llegar al mundial y hacer un papel medio decente.





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