
Iniesta será baja en el doble enfrentamiento de la selección española contra Turquía. Vicente Del Bosque ha declarado que “su ausencia trastoca los planes”. Pero, ¿es el manchego clave en España y en el Barça?
En contra de la corriente que lo sitúa como uno de los mejores jugadores del mundo, no creo que Andrés Iniesta se encuentre entre los veinticinco primeros. Es indudable que tiene un talento extraordinario y un control de balón maravilloso. Pero, en mi opinión, Iniesta no es más que una perfecta articulación para un equipo. Es un ligamento fuerte y fiable, pero no un músculo.
Su mayor carencia es física. Le falta fortaleza para tener una presencia más determinante en el campo. Los grandes centrocampistas dominan los encuentros. Son los veraderos protagonistas del juego de su equipo. No son un eslabón en la cadena, sino el motor. Iniesta y Xavi han tenido la suerte de que tanto en el Barça como en la selección, el estilo actual de juego sea peculiar y anormalmente colectivo, solamente posible gracias a una enorme acumulación de talento.
Iniesta posee buen dribbling, pero es un regate escurridizo, con tendencia a adentrarse en zonas de congestión y que suele venir continuado por una complicada asistencia. Por eso sólo ha dado cuatro en liga. Además no toma las riendas del partido, ni manda u ordena, ni mueve al equipo al compás de sus pases. Es un punzón elegante y con clase, pero con poco gol y estadísticas discretas dada la productividad de sus compañeros.
Sin embargo el albaceteño tiene una característica que le hace parecer mejor jugador de lo que es: su juego rápido y directo. Aunque le falte cierta claridad para aprovechar los grandes espacios se mueve perfectamente en los pequeños y no duda en avanzar hacia la portería contraria en cuanto tiene oportunidad. En dos equipos llenos de centrocampistas “de toque”, pase en corto y ritmo ligero pero horizontal, el descaro de Iniesta es sinónimo de frescura y dinamismo, componentes esenciales para alcanzar la brillantez.
Sin embargo, sin estar rodeado de tan magníficos compañeros, Iniesta únicamente aspiraría a tomar el rol que De la Peña tiene en el Espanyol: un enganche de talento excelente pero de efectividad irregular, un media punta que depende en demasía del azar y de la inspiración de sus socios para que la maravillosa jugada que ha iniciado termine en gol.





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